Podemos estar rodeados de personas muy buenas que quieran ayudarnos e incluso nosotros podemos tener toda la mejor intención y esforzarnos con nuestros amigos y familiares, pero a la hora de la verdad, nada está en nuestras manos y todos nuestros planes pueden cambiar, ya sea por una crisis financiera, un desastre natural, un accidente, una enfermedad o muchas causas más, y frente a ellas poco o nada podremos hacer.
El salmista declara: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza”
Salmos 46:1-3
El Señor es nuestro amparo y fortaleza, quien nos auxilia en cualquier circunstancia; por eso, más que confiar en los hombres o en nuestras capacidades, debemos acudir a Él porque para Dios no hay nada imposible.
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